lunes

Personal, muy personal

Personalmente Einstein |Obra de Teatro |Todos los sábados de agosto |Círculo de la Prensa


Todos escuchamos algo, alguna vez, sobre Einstein. Todos supimos de su E=mc2 , de sus ideas refutando a Newton y su persecución en tiempos donde ser judío no era agradable.

Y luego lo vemos en un escenario sencillo, rodeado de objetos que serán útiles para sus demostraciones prácticas de aquello que los entendidos llaman física.

El Einstein-personaje nos lleva por su vida, por reflexiones sobre su aporte a la humanidad, graciosas anécdotas, la fama, las controversias, la historia del mundo en un átomo, sin temor a las comparaciones odiosas.

El consagrado actor Juan Tríbulo no solo conmueve por su gran parecido al científico, sino por su interpretación intensa que nos transporta en tiempos, espacios y verdades. No importa que no sea Einstein, que no haya estado en nuestra provincia o que no haya regalado una flor a una espectadora. Lo importante es que durante un poco más de una hora nos conmovimos, reímos y hasta quizás entendimos eso que llaman relatividad, cómplices de la tan mentada magia de la interpretación.

Un excelente guión, inmejorable interpretación, Personalmente Einstein se presenta por última vez este sábado 29 de agosto.



The dark knight

Película | EE.UU. | 2008


El hombre murciélago, otrora eje central de innumerables zagas homónimas, queda relegado a un segundísimo plano con la magnífica actuación de Heath Ledger encarnando a The Joker.
Sin restar méritos a la dirección de Christopher Nolan, a la épica producción de WB Pictures, ni mucho menos al guión de la película, la presencia del fallecido Ledger en el traje de un Guasón patético, destrozado psíquicamente y con rasgos de niño malcriado, potencian increíblemente un film que sólo nos deja una cosa por decir: Why so serious?

sábado

Pedro Aznar: Amor a primera nota

Pedro Aznar| Concierto| 1 de Agosto| Teatro Alberdi

Allí estaba en primera fila gracias a un amigo y al azar. Mis oídos absolutamente vírgenes de la voz límpida de este muchacho de casi 50 que se presentó en el escenario, remera y jeans, con ese instrumento que tanto me deleita: el bajo.

Los primeros acordes me ensordecieron (gajes de los primeros asientos), mientras las luces bailaban alrededor de los músicos que repartían acordes deliciosamente. Al final de la primera canción, me sucedió: me enamoré de Pedro Aznar.

Lo miraba embobada, se me humedecían los ojos al sentir de sus eternas notas, me conmovían sus manos quebradas y fugaces sobre las cuerdas, ese bajo que me gritaba sus graves, me estremecía.

Viví una pasión de dos horas y media olvidándome del mundo que me rodea -mudo- y todas las voces en mi cabeza -banales- se callaron para dejar todo el espacio posible a las canciones que escuchaba por primera vez.

Dónde estuviste toda mi vida? Dónde estuve yo metida ignorando todo aquello que me decías con la soledad de tus letras y tus punteos feroces?

Me llevó de paseo por aquellos clásicos, covers y aquellas canciones nuevas que se coronaban inevitablemente con aplausos y ovaciones. No podía ser de otra manera: el teatro tembló para los bises, para pedirle más y más, no queremos que te vayas nunca.

Luego, el final. Se sentó frente a mí y ya no me importó ni la fan histérica a mi lado, ni los nombres de las canciones que nunca supe; se sentó frente a mi y me cantó.

El telón se cerró y Pedro Aznar se fue dejando el regusto de una noche inolvidable y esas ganas de escucharlo para siempre.