En cuanto corrí una cortina del palco imaginé otro lugar, menos el teatro Alberdi. Oscuridad total. Luces danzando en el cielo, esferas que giran en la bóveda oscura allá arriba.
No era casual, por supuesto. A Gustav (Holst) tal vez le hubiese divertido saber que la aceptación de Plutón como un planeta esta en jaque, con perfecto timing para cuando el maestro Roberto Buffo decidió levantar su batuta y ejecutarlo. Allí estuvimos todos, un teatro lleno de invitados, infiltrados, melómanos y público en general con la ansiedad de los estrenos.
Una pantalla gigantísima inundó nuestra retinas con imágenes de nuestro planeta y el resto de los astros; la música perfectamente ejecutada por los músicos y el oportuno toque de realidad sobre el calentamiento global.
Las últimas notas apenas perceptibles por el estallido de aplausos corroboraron lo que se volvió costumbre con
De esta forma astral, casi mágica, se inició el Décimo Julio Cultural, que al parecer, apuesta a la diversidad y al entretenimiento de todos.
Veremos que pasa. Voy a estar por allí.
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